Las Nuevas Políticas Amistosas del Mundo Pornotópico

En plena pandemia, cuando el miedo se volvió rutina y el hastío una plaga más eficaz que el virus, la pornografía digital ocupó su lugar como anestesia global. Las “políticas amistosas” del like —ese gesto virtual que disfraza la soledad— empezaron a domesticar el deseo, fabricando subjetividades a golpe de clic y placer instantáneo. Ya no se trata de sexo: es un laboratorio hiperreal donde el goce se dosifica como droga y el mercado dicta los acordes. El Big Data, convertido en voyeur omnisciente, adivina fetiches, archiva pulsiones y calibra fantasías. La pornografía contemporánea dejó de ser espejo del erotismo para convertirse en su jaula dorada: un dispositivo de control social que acaricia mientras encadena.

