Violencia y Revolución en la Política de la Liberación

En Violencia y Revolución en la Política de la Liberación, Gabriel Salazar Herrera explora la violencia como motor de cambio, pero lo hace con la…

Subcomandante Marcos

 

¿De qué tenemos que pedir perdón?
¿De qué nos van a perdonar?
¿De no morirnos de hambre?
¿De no callarnos en nuestra miseria?
¿De no haber aceptado humildemente la gigantesca
carga histórica de desprecio y abandono?

¿De habernos levantado en armas cuando encontramos
 todos los otros caminos cerrados?

 Subcomandante Insurgente Marcos

 

1.- Disertación sobre la violencia

He dormido poco desde que la angustia se volvió a apoderar de mí. Desde la silla desgastada que utilizamos como mesa, ya agónica por el tiempo, como una necesidad fisiológica intento escribir. Tomo el encendedor del piso y me curo con un cigarro indio. Saco el humo mientras miro el techo herido por donde en noches de lluvia se alojan con nosotros gotas que caen por las mejillas del cielo. Nos hemos hospedado desde hace meses en este lugar y es en noches reumáticas, con el dolor de los huesos del alma, cuando las estrellas cariñosamente se asoman por esa ventana que tenemos en el techo donde dormimos, sonriéndonos y calmando nuestra desesperación.

En el año 2000, después de culminada la larga huelga estudiantil del 99 de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), algunas personas muy queridas nos habían dicho que nuestras posiciones políticas y la opción por la tendencia democrática de la vía armada eran características de sujetos violentos. Nos habían colgado del cuello la palabra «violentos» y nos exhibieron como animales peligrosos. Las soluciones políticas tenían que ser dentro del marco institucional del derecho, esa es la vía de la paz. En aquellos años nuestro nihilismo era extremo.

En Colombia, por la violencia vivida, existen estudiosos que se encargan del tema y se les conoce como “violentólogos”. Recuerdo que, en el año 2011, cuando terminé de leer una ponencia, el más viejo del congreso se me acercó y me dijo: “Entonces usted es un violentólogo”. No supe que responder y con la mirada pregunté a las hermanas que me apoyaron en la logística de mi visita.

De regreso a la ciudad de México, después de vivir durante dos años en Chiapas, solía sentarme a escribir en la computadora; cuando la vista se me cansaba, buscaba distraerla encontrándome siempre en el muro que tenía enfrente la foto del Subcomandante Marcos, jefe militar del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y debajo de ella libros apilados. Siempre esa imagen, hasta que, de pronto, un día apareció arriba de la torre de libros uno que se hallaba de pie (a diferencia de los otros). Parecía puesto a propósito por mi compañera, pues estaba colocado justo al lado de la foto del insurgente zapatista. En letras grandes se leía el título: Para una crítica de la violencia, del filósofo judío Walter Benjamín. Quizá la manera arbitraria de colocar el libro en ese lugar significaba una crítica a nuestra posición política, quizá la crítica simbólica iba encaminada a nuestra admiración y simpatía por la estrategia político-militar del zapatismo.

En las largas horas y días de desempleado, junto con los gatos, abríamos el libro, ojeábamos las primeras páginas, leíamos líneas y párrafos, lo cerrábamos, leíamos la síntesis de la contraportada, volvíamos a abrirlo obsesivamente, buscábamos una pista en el índice. Benjamin era uno de los filósofos que más admirábamos, no sólo por pertenecer a los marxistas judíos de la Escuela de Frankfurt, sino porque de todos ellos fue el único que se suicidó. No es tan fácil reflexionar largas horas sobre atentar contra su propia vida y después culminar el acto, ¡zas! de un tajo acabar con esto ¡wao! ¡admirable! Nuestros respetos a quien lo logra. Nadie elige nacer, pero si se puede elegir en qué momento morir, quizá tampoco se pueda elegir eso. La filosofía de Benjamin es metafísica, estética y mística; se acerca a la literatura, el arte y la teología. Su escritura es obscura, ambigua, difícil de descifrar. Para nosotros, acercarse a los judíos implica entablar un diálogo intercultural.

En el libro Para una crítica de la violencia, Benjamin da por obvio lo que se entiende por violencia, nunca da una definición precisa. Para él, la violencia instaura el derecho y lo mantiene. La violencia del derecho es destruida por la manifestación de la violencia divina. Es decir, la violencia es el fundamento de la injusticia y la justicia, sea “divina” o no. Ahora nos damos cuenta por qué se mató, pues si la violencia es el fundamento, ergo, no hay manera de no ser violento, no existe salida, hasta por naturaleza “divina” somos violentos. Esto nos coloca en la pura negatividad, es decir, no se puede construir otro mundo sin violencia. Benjamín nos decepciona.

El comandante “Che” Guevara, a diferencia de Benjamin, coloca como fundamento el amor, cuando palabras más, palabras menos, dice: “un revolucionario está movido por grandes sentimientos de amor a la humanidad”. Esa es la diferencia con el señor Benjamin, esa es la “humanidad nueva” por la que han muerto tantos en la búsqueda de otro mundo posible. El amor y no la violencia, es el fundamento de nuestra Filosofía y Teología de la Liberación. Así, lo que está detrás de la praxis de liberación de un guerrillero no es la violencia sino el amor a la vida. Para nosotros, el fundamento del derecho es la conciencia crítica de los oprimidos, el pueblo, el cual tiene como principio motor el amor a la humanidad, entonces, la revolución armada es coacción legitimada del pueblo, la cual afirma la vida. No es violencia instituyente, sino justicia que defiende al agredido. De este modo, el consenso crítico de los oprimidos que luchan con una nueva legitimidad supera el estado de derecho del sistema dominador.

Cartel del Subcomandante Marcos.

Para algunos, el Subcomandante Insurgente Marcos es un “profesional de la violencia”. Después de una reflexión seria en la praxis de liberación llegamos a la conclusión de que el jefe militar del EZLN es un “profesional de la esperanza”. Nos queda claro que el frente de liberación armada no se puede comparar con lo agresivo de la violencia asesina de un sistema económico y político. Aquel que no alcanza a distinguir la diferencia entre un guerrillero y un militar capacitado para matar por los intereses del sistema capitalista, entonces no ha entendido nada. Ciegos, y en el mejor de los casos miopes, no ven que no se puede categorizar a ambos con la palabra “violencia”, pues mientras el primero ofrece su vida singular para proteger la vida de la comunidad, el segundo mata sádicamente a sus hermanos por dinero. Uno es un héroe, el segundo es un fratricida. ¿Ambos son violentos? El que crea eso no ha entendido la Ética de Liberación.

El fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), Carlos Fonseca, pierde la vida en las primeras horas del 8 de noviembre de 1976. Con un poco de fe en su mochila, trató de romper el cerco que lo tenía atrapado, aun cuando sus compañeros le advirtieron que aquello que pensaba hacer era un acto suicida. Estos actos de amor de justicia no se pueden comparar con los actos criminales de Pinochet o cualquier dictadorcillo, discúlpenme, no se puede.

Sin duda como todo humano, muchos en el frente de liberación armada se han equivocado, dicho frente es uno entre tantos frentes de liberación e incluso no es el más importante. Tampoco debemos olvidar que la utilización de la “no-violencia”, como la de Gandhi, es una táctica —al igual que es una táctica el uso de las armas—.

 

2.- La revolución como táctica factible de la Política de la Liberación

La judía, polaca y teórica marxista Rosa Luxemburgo (1871-1919) escribe de 1896 a 1898 una serie de artículos que serán publicados en 1900 bajo el formato de libro, con el título ¿Reforma o revolución? Esta obra temprana abre una brecha crítica en el marxismo originario con la cual combate teóricamente contra los oportunistas que sustentaban sus prácticas en las teorías revisionistas de Eduard Bernstein, alumno personal de Friedrich Engels. Defiende enérgicamente una política revolucionaria, dejando en claro que el fin para la socialdemocracia es la revolución y la conquista del poder político; el objetivo último es lo único concreto que establece la diferencia entre el movimiento de la socialdemocracia y la democracia burguesa.

Para Luxemburgo el objetivo último de la socialdemocracia alemana es la revolución; para alcanzar dicho objetivo se requiere hacer una lucha de reformas críticas que transformen el sistema y generen las condiciones para que la revolución logre dar el tiro de gracia al capitalismo como sistema vigente y no adaptarse a él como lo propone el reformismo. La acción reformista que no es transformativa consiste en cumplir con los criterios y principios del sistema, es decir, se cumple dentro de los marcos del sistema dado sin cambiar nada de raíz. La racionalidad de la acción reformista es funcional y cumple con los parámetros dictados por el fin último del sistema dado.

Funcionar mecánicamente como ley natural dentro del sistema vigente fetichizado es inaceptable éticamente, ya que las leyes no son naturales y por lo mismo no son necesarias; simplemente son tendencias contingentes que se presentan como si fueran necesarias, por lo tanto, en la táctica de la acción estratégica revolucionaria no hay un determinismo natural, sino que es un producto histórico surgido de la propia factibilidad de las experiencias en el curso de su concreción, como resultado de su desarrollo en tanto historia viva. La crítica a las leyes de un sistema formal fetichizado surge en el momento más crítico como una intervención necesaria de ruptura de dicho sistema.

En la Política de la Liberación —al igual que para Rosa Luxemburgo— la acción política revolucionaria es la que tiene como esencia la transformación crítica y es contraria a la reformista funcional; exige la deconstrucción de las instituciones micro y macro y la construcción de nuevas. En el paradigma de la liberación el fin último de la revolución es la vida y la acción revolucionaria está guiada por el criterio de la producción, reproducción y desarrollo de la vida material en comunidad, en última instancia de la humanidad; esto, en plena armonía con la famosa formulación de la tesis 11 sobre Feuerbach de Marx: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo[i].

Desde esta perspectiva la revolución es entendida como el paroxismo de la crítica de las transformaciones estratégicas, clímax máximo de la lucha por la vida; y a la acción estratégica revolucionaria de la praxis de la liberación como momento extremo, que en posición mínima comienza en la transformación de una máxima de la vida cotidiana. Sin embargo, no todo acto de transformación es revolucionario ya que existen situaciones claves, estratégicas, momentos precisos que profetizan el derrumbe de un sistema político fetichizado. El acto de transformación revolucionaria es el extremo de la acción táctica factible que responde para hacer justicia a la vida en crisis de la víctima, es un momento de supremo peligro que se juega en comunidad desde la exterioridad (clandestinidad) del sistema vigente. El fundamento material de la revolución es la vida y el amor que la impulsa es la Voluntad de Vivir o “querer” de la vida como voluntad creadora; todo esto es sistematizado por una razón material.

Para la Política de la Liberación las estrategias y tácticas utilizadas en la acción revolucionaria son mediaciones para destruir el sistema político fetichizado y construir nuevas instituciones macro y micro que nos sirvan de canales para ejercer el poder político. En la teoría general para la acción crítica revolucionaria que surge de la Política de la Liberación la vida es el fin último. ¿Cómo podemos diseccionar entre lo eficaz e ineficaz del momento de la acción revolucionaria en la política de liberación, sin caer en autoritarismos, dogmatismos, cobardías, traiciones o idealismos ideológicos que profesan fantasías irreales? El criterio de elección se localiza en la dialéctica vida/muerte de la comunidad; es inevitable morir o matar en el momento revolucionario; no obstante, se intenta por todos los medios conseguir eficazmente el menor número de bajas posibles en el enfrentamiento, porque en esta perspectiva las estrategias y tácticas empleadas para combatir están guiadas por la razón vital, delimitadas por el principio de factibilidad sin negar el criterio y contenido material de la producción, reproducción y desarrollo de la vida material en comunidad. La muerte de la vida es el límite factico negativo; este principio actúa en todas las instituciones políticas macros y micros.

Para el EZLN “parchar” el sistema capitalista con reformas superficiales que tienen la pretensión de hacer cambios para que no cambie nada y que no atentan ni atacan al actual sistema económico mundial, es lo no revolucionario[ii]. La práctica política del EZLN y la sistematización teórica de la Política de la Liberación son dimensiones distintas del proceso de liberación que se articulan para el mismo objetivo; por ello, tanto de la vanguardia (comunidades críticas) como de la retaguardia (teoría) saldrá la crítica material a todo sistema futuro que se fetichice[iii].

 

3.- A manera de conclusión

En la Política de la Liberación la acción política revolucionaria es la que tiene como esencia la transformación crítica y contraria a la reformista funcional; exige la deconstrucción de las instituciones micro y macro y la construcción de nuevas; el fin último de la revolución es la vida. Así la acción revolucionaria está guiada por el criterio de la producción, reproducción y desarrollo de la vida material en comunidad, en última instancia de la humanidad. De esta manera la revolución es entendida como el paroxismo de la crítica de las transformaciones estratégicas, clímax máximo de la lucha por la vida. El acto de transformación revolucionaria, es un momento de supremo peligro que se juega en comunidad desde la exterioridad del sistema vigente. El fundamento material de la revolución entonces es la vida y el amor que la impulsa es Voluntad de Vivir o “querer” de la vida como voluntad creadora. La muerte de la vida es el límite factico negativo de todo sistema político fetichizado.

Desde algún lugar del Sur

Gabriel Salazar Herrera

 

 

Bibliografía

Benjamin, Walter, 2001, Para una crítica de la violencia y otros ensayos, Taurus, México.
Dussel, Enrique, 1998, 2007, Política de la Liberación. Historia mundial y crítica. Volumen I, Trotta, Madrid.
__________, 2009, Política de la liberación. Arquitectónica. Volumen II, Trotta, Madrid.
__________, 2014, 16 Tesis de economía política. Interpretación filosófica, Siglo XXI, México.
__________, 2022, Política de la liberación. Crítica creadora. Volumen III, Trotta, Madrid.
Luxemburgo, Rosa, 2015, Reforma o revolución, Akal, Madrid.
Marx, Karl, 2014, La ideología alemana, Akal, Madrid.

Notas

[i] Marx, 2014, 502.

[ii] Los gobiernos progresistas que surgen a partir de 1999 en América Latina “no alcanzan la fisonomía de revoluciones que trascienden el sistema capitalista (como lo hizo, por ejemplo, Cuba)”.  (Dussel, 2014; 175)

[iii] ¡Nuestra lucha es por la vida! Si Enrique Dussel no está hoy en la selva Lacandona con un fusil en las manos, es porque al disparar le “falta puntería” —como irónicamente nos ha dicho en clases—. Su legado a la lucha de liberación lo ha decidido en función de sus posibilidades y capacidades teóricas. Las disputas superficiales de roedores se las dejaremos a aquellos que no han comprendido la estrategia del EZLN y menos aún la Política de la Liberación, pues entre ambas no hay contradicción.

Gabriel Salazar Herrera

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