Con el propósito de entender los retos y la lucha actual de los viequenses, el cineasta y periodista Juan C. Dávila viaja hasta la Isla Nena para entrevistar activistas y personal de las agencias federales.
En una terraza en La Habana desde la que se vislumbra el malecón -el mar- , cuatro amigos se dan cita para celebrar la visita de uno de ellos después de dieciséis años de ausencia.
Hay tres cosas que deslumbran del filme. La cinematografía de Vittorio Storaro, el diseño de la producción de Santo Loquasto y el uso de la banda sonora por Allen.
Vale la pena señalar que la cinematografía de Joshua Reis, en su primer largometraje, es sobresaliente: límpida y clara, con un toque irónico que revela el mal gusto de los nuevos ricos.
El motivo de la trama es cómo se escapan y resuelven sus problemas. Dos horas para olvidarse de los nuestros es una de la razones para ir a ver esta estupenda diversión.
Al fin y al cabo, la película nos muestra la libertad de criterio del neoyorquino ante las situaciones más intensas y absurdas. Es lo que podríamos llamar “liberalismo-intelectual-chic”.
Es lo suficientemente divertida para ir a disipar por un par de horas la caótica situación de nuestro país, y para enseñarles a nuestros hijos y nietos la maldad del colonialismo, no importa dónde sea.
Las buenas intenciones de la película se pierden en su último tercio por la lentitud en establecer puntos de vista que vemos venir mucho antes de que ocurran.
Los personajes entran y salen de la película o desaparecen como el rey y sus funcionarios. No estamos seguros de qué se trata la película al fin y al cabo.
Hay más tiempo de filmación para saber que a Montez no le gustaba el café que para enterarnos cómo exactamente fue que logró llamar la atención y hacerse estrella.
Marnie Minervini (Susan Sarandon) ha perdido su marido italiano y presa de pena y de luto se muda a Los Ángeles para estar cerca de la hija Lori (Rose Byrne).
La Habana se detuvo en el tiempo lo suficiente para que este filme inseguro pero soportable pudiera filmarse allí como si Papa, Miss Mary y visitantes a Finca Vigía todavía anduvieran entre nosotros.
El filme lleva el mensaje que nunca es tarde para sentir amor romántico ni para corregir estilos de vida. Lo hemos oído antes, pero no viendo a Sally Fields interpretándolo.
El filme también logra recordarnos que los alemanes durante el tiempo que duraron los juegos, adoraron al atleta negro y lo reconocieron como la sensación que era.
No hay nada que ocurre en el filme que no hayamos visto. Lo que sí es que la historia está contada con una sencillez absorbente y una ausencia de sentimentalismo barato que impresiona.
La influencia del pasado en la vida de los humanos es un tema común en ambas cintas y ese pasado al cual se refieren, no importa cuán distante, tiene el poder de desgarrar el presente.