La ballena es hoy día el símbolo máximo de un leviatán y aquí se evidencia que el leviatán bíblico está muerto. El monstruo moderno es el dinero, la corrupción y el abuso.
Cuesta bastante y hay que respaldarlo. El cine no es como el libro del poeta que autopublica cincuenta copias de su primera obra para regalárselas a sus amistades. El cine es para que se vea.
Es una pena que Penn, uno de los productores y guionistas del filme, no concentrara más en la explotación y la corrupción de África y, por el contrario, se fuera a destruir pisos cerca de Las Ramblas.
La historia es una de emigrantes tratando de adaptarse a los conflictos y los retos que genera una ciudad que ofrece lo mejor de todo y lo peor de todo.
Está basado en un cómic que nunca he visto, pero que buscaré, y su mejor parte es la primera mitad de la película. En ella se establece la naturaleza y el origen de la agrupación secreta Kingsman.
Escrita y dirigida por Richard Glatzer y Wash Westmoreland, Still Alice, es una película que brilla gracias a la actuación de Moore y la competencia del resto del elenco.
Este filme es un gran logro artístico desde muchos puntos de vista. Uno de los mayores aciertos del director es el elenco tan sabiamente escogido y dirigido.
El hombre, Walter Keane (Christopher Waltz) firma los cuadros que pinta su esposa Margaret (Amy Adams) en los que niñas (principalmente) y niños parecen tener platillos voladores por ojos.
Cómo el dinero en exceso corrompe y puede corromper y destruir a los que se le arriman, está patente en este filme sombrío y devastador, basado en un hecho real.
En este filme Witherspoon representa una joven mujer que decide emprender un viaje de mil millas a lo largo de la vereda del “Pacific Crest” que va de California a Canadá.
El filme muestra el efecto que sobre un joven músico tiene un maestro cuyos métodos son dictatoriales y severos y que manipula la psique de sus discípulos para lograr de ellos sus mejores ejecuciones.
Murray vuelve con una actuación magnífica que salva algunas deficiencias de un guión que se pone demasiado sentimental, pero que se escapa de lo banal gracias a que la historia resuena con el espectador.
Vale la pena ver Interstellar y meditar sobre el futuro de nuestro planeta. Nosotros, aunque lo nieguen los políticos descabellados, estamos acabando con el planeta.