el puente de Dorado

un camino sin ruta al sol / se me abre al frente / se me cierra entre piernas se cruza / como quien sabe que algo / alguien / no sé del todo / no sé del quién tiene que llegar aquí

Dolores

el aterrizaje será interno / tierno / nuestro / y amasaremos, Dolores / a la luz temprana / de la mañana / devendremos / Magas / y recordaremos / que siempre fuimos / amadas.

Carolina

el helado que no compras / el uniforme que no te sirve / la mochila en el pecho / los senos que escondes / el cabroncito que te jode / la amiga que no tienes

once verdades y una mentira

la madera es un líquido que al tocarnos se endurece. / un dron anaranjado te puede pagar el alquiler. / si dejas el carro en doña fela toda la noche, / aparecerá un hombre de nieve en el bonete. / si te portas bien, nos harán estado.

y porque naciste aquí

sabes que ninguna solución es lineal. / el gps te envía por una calle que ya no existe, pero / conoces las playas de memoria y conoces sus relaciones / al cemento como si esto fuese tu historia, / este tu ferrocarril centellante.

deconstrucción de un hogar

cuando la brisa tumba el sol y a lo mejor pierdo los números / importantes o el celular se me agota en una siesta eterna, / juego un juego tan peligroso como creer en la permanencia del tinte / o comprarme un mueble para un apartamento.

pensé un verso una vez

pensé un verso una vez / entre dormida y despierta / lamento no haberlo escrito / fue que me dije tan cansada / al fin cansada y no llorosa / que dejé el sueño abrazarme y / ese verso sería solo para mí / para recordar que aún podía / descansar segura

(Untitled)

Me pregunto si / las huellas dactilares / rozaron la superficie del / río / antes de que los pulmones se llenaran de agua. / Los remolinos sólo arrastran la espuma y cantan con las calandrias.

(Untitled)

Es inútil arrojar una cuerda: / desatar el fácil asombro / al extraviar / la luz sobre tu clavícula, / la firmeza sinuosa de tus brazos / el sosiego garzo en tus ojos. / Ya ni el mar contesta.

(Untitled)

Después de tanto aguantar los golpes inacabables de las olas, / nuestros dedos se aferran a la terquedad frágil de las piedras, / a la fuerza de los montículos de algas, / al remanente oscuro de la piel.