Talón de Brea y otras literaturas puertorriqueñas: Entrevista a Carlos Vázquez Cruz
Carlos Vázquez Cruz no escribe para caerte bien. Talón de brea, su nueva colección (Riel Editores), registra el pulso de un país amenazado desde el…
Carlos Vázquez Cruz no escribe para caerte bien. Talón de brea, su nueva colección (Riel Editores), registra el pulso de un país amenazado desde el…
Si en París la ruina y la mercancía inauguran la conciencia desgarrada del “yo es otro”, en el Caribe esa herida se reescribe bajo el peso de la colonia, el archivo roto y la memoria clandestina. Ramos Otero toma la ironía borgiana —espejos, palimpsestos, autor ficcionalizado— y la convierte en herramienta política: no para celebrar el vacío del símbolo, sino para denunciar el vacío histórico. Hawai, Vieques, Loíza, Manhattan: archipiélagos dentro del archipiélago. Homoerotismo, oralidad y mito funcionan como dinamita contra la versión oficial. El resultado no es ornamento erudito, sino combate literario: escribir para existir, narrar para no desaparecer.
La primera parte de este ensayo examina la obra de Manuel Ramos Otero como una de las intervenciones más radicales y lúcidas de la modernidad literaria puertorriqueña. Desde Baudelaire y su cisne errático hasta Borges y la poética de la ironía, el texto rastrea una genealogía estética y política marcada por el exilio, la fragmentación y la reescritura del mito. Ramos Otero aparece como lector voraz y escritor insumiso que convierte la oralidad, la memoria silenciada y el homoerotismo en herramientas críticas contra la historia oficial y el canon patriarcal. Su narrativa, atravesada por espejos, dobles y ficciones dentro de la ficción, no busca cerrar sentidos, sino abrirlos: hacer de la literatura un espacio de resistencia, donde la identidad puertorriqueña se piensa desde la contradicción, el deseo y la herida colonial aún abierta.
En 1976, Luis Rafael Sánchez encendió la imprenta con dinamita y nos lanzó a la cara a la China Hereje: hija bastarda de todas las mujeres literarias que no piden permiso. Leticia Franqui Rosario la describe con lirismo y crudeza: zafia, orgullosa, empantalonada, la China no escapa del deseo ni del hambre, y desafía la miseria con una dignidad que le ronca la manigueta. Su cuerpo no narra. Está más allá del bien y del mal: es texto, es signo, es vitrina de un país travestido de modernidad. Es madre, es puta, es sofá y es refrán: todas esas, ES; espejo tragicómico de nuestra colonialidad disfrazada de Estado libre. Y como Flaubert con su Bovary, Sánchez se confiesa en ella: “la China Hereje soy yo”, y Franqui la celebra como lo que es: metáfora andante de un pueblo guarachero que aún, pese a todo, se sueña libre. Gracias, maestro —por la risa, el cuerpo y la herida.
Para Marta Aponte Alsina, La bendición de Rosalía es un libro hecho de ausencias que insisten en quedarse. La novelista Marithelma Costa recompone la historia de su bisabuela con los retazos de una diáspora que convirtió el exilio en destino y la costura en resistencia. Desde un basement neoyorquino, donde se esconden archivos, cristales bohemios y ecos de huelgas olvidadas, la novela salta entre tiempos y voces: Rosalía sobrevive al naufragio de la historia, Albizu discute en Harlem, Lorca cruza miradas con su hijo en Grand Central. La escritura, como la memoria, es un tejido de rupturas y persistencias en el que los muertos no se resignan a la tumba. Costa nos entrega un libro de espectros que, en lugar de asustar, exigen ser escuchados.
Esta reseña, firmada por la escritora y poeta Ana María Fuster Lavín, nos cuenta que la autora de De la carne y otras fatalidades, Ángela María Valentín, nos sumerge en un universo literario oscuro y perturbador. A través de ocho relatos, Valentín explora el horror cotidiano del encierro pandémico, desnudando las tensiones intrafamiliares, la violencia de género y las crisis sociales y emocionales que se agudizaron con el confinamiento. Con una narrativa precisa y visceral, convierte el cuerpo humano en un campo de batalla, donde el miedo, la resistencia y la lucha por la supervivencia se entrelazan con lo grotesco. Cada cuento es una inmersión inquietante en la violencia, el sufrimiento y la desesperanza, reflejando con crudeza las sombras de nuestra realidad. Un banquete literario que, aunque incómodo, resulta imposible de soltar.
En Los Ángeles se han fatigado, Luis Rafael Sánchez desnuda las complejidades de nuestra sociedad, utilizando el teatro como un espejo brutal de nuestras contradicciones. La obra, dirigida por Manuel E. Aponte Marrero con la participación de estudiantes del Círculo Teatral, explora los dilemas existenciales de personajes atrapados en un juego de luces y sombras. La precisión de la dramaturgia y la intensidad de la puesta en escena hacen de este montaje una experiencia única, que invita a reflexionar sobre la identidad puertorriqueña, el pasado y los conflictos que nos definen, sin concesiones.
El autor Juan Otero Garabís nos lleva a un viaje nostálgico en las guaguas pisicorre, vehículos esenciales en su formación juvenil y literaria. Desde Bayamón hasta Río Piedras, entre discos, libros y calor compartido con desconocidos, comienza su amor por la obra de Luis Rafael Sánchez. A través de reflexiones sobre la diáspora, la crítica literaria y el estancamiento social, Otero Garabís dibuja un Puerto Rico atrapado entre la colonialidad y la identidad cultural. Entre atascos metafóricos y reales, evoca un análisis profundo de la historia puertorriqueña, donde los personajes, como los pasajeros, parecen avanzar y retroceder en un vaivén interminable.
Siempre polémico, mordaz y tierno. Edgardo Rodríguez Juliá, conversa con Mario Alegre Barrios y confiesa que le "obsesiona apalabrar los ocultamientos del alma humana, eso para mí es cada vez más importante".
Con la siguiente «entrevista capotiana», conoceremos la otra cara, la de la vida, de Luis Rafael Sánchez.
La industria del libro puertorriqueña lleva años, quizás décadas, funámbula ante esta antedicha lucha entre la complejidad y la simplicidad.
Mientras estaba en trance, dictaba a un escribano lo que alegaba que los espíritus le decían, y para 1880 se publicó una obra titulada "Colección de novelitas y artículos de recreo", entre otros textos suyos.
La triada mujer-puertorriqueña-poetisa resulta en Julia una identidad que se transforma en poesía. Un ciclo de vida afincado en la naturaleza y los problemas existenciales e históricos de su época.
Seduce el lenguage preciso de este relato detectivesco y gótico. La novela está inspirada también en una pintura, en una colección de libros eróticos y en casonas que atraían a la autora cuando niña.
¿Por qué no disfrutamos esos instantes de alegría que nos reporta el premio de Lalo? ¿Por qué nos es más fácil lanzar piedras a cualquier iniciativa que se inaugure o premio que se gane?
Discurso pronunciado por Eduardo Lalo el pasado viernes 2 de agosto al recibir el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, en Caracas, Venezuela.
Nuestra búsqueda de una metáfora madre delataba, tal vez, la vivencia ingenua de un deseo apreciable: transformar un hábitat enajenado, “gris y opaco” en territorio “digno” de ser narrado.
Ya circula el número 7 de la revista "Letras Salvajes", volumen doble que corresponde a febrero-julio de 2012, con una sorprendente cantidad de colaboraciones de aquí y el exterior.
"Sea cual sea la decisión política, hay un hecho cultural sobresaliente: Puerto Rico escribe, educa, dice palabras de amor y mentadas de madre en español", propone Carlos Fuentes en su columna.
Convocan a los autores de obra literaria y periodística en el 2011 a un nuevo certamen de premios, valorados algunos de ellos entre $20,000 y $5,000.
Novela de espionaje, se desarrolla en Puerto Rico en 1938, cuando los cuñados Miguel Torres y Pedro González, un rojo y un fascista, llegan a la isla desde Madrid.