El disparate también hizo su agosto en la casa de las leyes. El senador PNP, José “Joíto” Pérez, se llevó el primer lugar. El muy buen señor tiene amigos lésbicos y los quiere mucho.
Si la nueva Junta no se apunta a facilitar una nueva ley universitaria que sedimente mejor nuestra libertad institucional, será más de lo mismo y ya tiene sus días contados.
¿Cuál es el beneficio, entonces, de que exista una administración central en la UPR que, en lugar de facilitar, obstaculiza? Esta pregunta debemos hacérnosla todxs, particularmente de cara a una nueva ley universitaria.
Transformemos el Proyecto 237 en otra cosa. Saquemos de sus relaciones, argumentos y propuestas, la semilla. Hacer nada no es una opción. La universidad está lejos de ser perfecta, pero vamos a acercarla a lo que siempre soñamos.
Es claro que la ley actual no cobija nuestros anhelos y convicciones sobre la autonomía universitaria como expresión clara de auto-conciencia, auto-determinación y libertad.
El lugar de nacimiento, crianza y residencia de nuestrxs alumnxs no puede seguir siendo su destino. Se nos va la vida colectiva en ello. Beethoven también sale del caserío…
Los resultados del referéndum y las elecciones y la reacción masiva a la violencia tras la muerte de José Enrique son sucesos que provocarán que el 2012 no pase desapercibido en la historia del país.
Son cosas chiquitas. Quizá. Pero, tal vez, le potencian al país la esperanza y alimentan la posibilidad próxima de un Puerto Rico descolonizado y maduro políticamente.
Hoy, a días de las elecciones de 2012, mi llamado a la utopía se materializa en dos cauces: el derecho a soñar y la universidad como un espacio posible para construir sueños.
No leerás, pero te atienes a las consecuencias. Nos ocurre a menudo cuando firmamos un compromiso legal que supera la extensión de una página. Nos pasa a menudo con las letras chiquitas… Es esperable que no leamos.
Puerto Rico ha sido víctima en los últimos años del gobierno del no. Pero este país se levantó el 19 de agosto y le dijo que no a tanta negación de esta administración mequetrefe. Ahora nos toca decir sí a la esperanza…
Sólo basta con mirar nuestras cifras de maltrato a menores y de desertores escolares para reconocer que estamos fracasando como país decente y digno.







