Genocidio: entre impunidad y memoria
Los delitos internacionales, aunque lo parezcan, poco tienen que ver con los delitos tradicionales que se tipifican en las normas estatales. Los procesos penales, incluyendo…
Doctor en Derecho por la Universitat Pompeu Fabra. Estudió las carreras de filosofía, historia y derecho en la Universidad de Puerto Rico, en la Universitat de Barcelona y en el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Es Editor-Jefe de la Revista Puertorriqueña de Ciencias Penales, Asesor Legal de la Sociedad para Asistencia Legal de Puerto Rico y cofundador del Observatorio Jurídico Post Scriptum. Sus áreas de investigación son el Derecho penal, la Política criminal y la Filosofía política.
Los delitos internacionales, aunque lo parezcan, poco tienen que ver con los delitos tradicionales que se tipifican en las normas estatales. Los procesos penales, incluyendo…
El sufrimiento, sus causas y sus manifestaciones suelen ser ignorados o cosificados con fines muy poco humanos.
“A mi hijo/a solo lo/a educo yo” suele ser tan prolijo como tramposo en una democracia. Esa idea de libertad negativa a ultranza es contraria a los principios constitucionales mínimos que forman parte de nuestro Estado de derecho, además de contrario a los mejores intereses de los menores de edad en nuestro colectivo político.
El feminicidio es una instancia fatal de un proceso social, cultural, político e individual más profundo que el hecho mortal de arrebatarle la vida a una persona por motivaciones misóginas. Como todo hecho social, sin duda, donde hay causas condicionantes en la antesala de su concreción fenoménica.
El autoritarismo patriarcal abunda no sólo en la política institucional de manera burda. También ocurre en nuestras relaciones humanas cotidianas, tanto en la esfera pública como privada; en nuestros modelos tradicionales de formación educativa y universitaria.
Las expresiones jurídicas de Ginsburg la convirtieron en un icono no solo feminista y progresista, sino en un símbolo de la cultura pop misma. Su obra, sin embargo, marcó una tendencia lo suficientemente progresista como para tener un impacto social muy transformador y trascendental.
La marginación racial y étnica se imbrica con la marginación socioeconómica, lo que provoca la perpetuación de ciclos de discrimen que son normativizados y normalizados a través del sistema legal y de la “reproducción cultural”.
Una reforma policíaca sin una reforma política que desvele y atienda el racismo –aporofobia, misoginia, homofobia, transfobia y xenofobia– estructural es, sin más, seguir obviando las raíces podridas de un sistema que se reproduce vertiginosa y hegemónicamente por todas las instituciones sociales.
El sistema penal ha fracasado diseñando mecanismos institucionales que interrumpan el ciclo de violencias. La norma penal continúa girando en torno a la sistematización de violencias estructurales que normalizan las desigualdades sociales.
En momentos en los que las necesidades materiales requieren medidas excepcionales, surge la tensión entre libertades individuales y el poder represivo del Estado, lo que puede significar una peligrosa normalización en democracias que exigen lo opuesto.
No basta con adjudicar culpabilidad penal a quien cometió un crimen por razones tránsfobas u homófobas. Un crimen como este es una oportunidad de apertura, escucha y disposición para entendernos como (co)responsables del mismo.
Se ha hecho política al margen del Estado, ante los ojos absortos de quienes han confundido política con Estado y Estado con partido. Ante las caras impávidas de quienes han normalizado la administración pública del territorio como un asunto privado.
Our lies reveal as much about us as our truths. J.M. Coetzee (Slow Man) [dropcap]E[/dropcap]l antropocentrismo es una realidad material que dirige de ordinario nuestras interacciones tanto individuales como colectivas.…
Escuchar nuestros miedos y temores sin culparnos y sin agredirnos es un ejercicio vital para cultivar apertura. Una apertura que nos abrirá un escenario de posibilidades que es turbio a causa de nuestro aferramiento a la construcción de nuestros egos.
Los retos de hoy son más complejos que los que existían entre el esclavo y el señor. Hoy ni siquiera tenemos claro dónde y quiénes son los agentes cuyos intereses están encontrados con los de las mayorías populares. Particularmente por esto es que la desobediencia, y por lo tanto la protesta, deben tener un papel clave en nuestras endebles democracias liberales.
La prisión se ha convertido en aquel albergue en el que se invisibilizan o esconden, por no decir se desechan, los excedentes humanos de los cuales la sociedad no se siente responsable.
La comunidad Rohingya es muestra de cómo la indiferencia, la apatía y el desprecio, tanto a nivel ético como político y legal, surgen de las ruinas de la pobreza, del autoritarismo y de la carencia.
En las próximas semanas se concluirá el proceso de selección de las entidades privadas que custodiarán en territorio estadounidense hasta más de un tercio de la población penitenciaria puertorriqueña.
El desterrar la violencia del ámbito jurídico denota una falsa imagen de presunta neutralidad y pasividad de un sistema que precisamente se fundamenta y se perpetúa mediante la coerción.
Permitir que niños y niñas de ocho, nueve o diez años se procesen detenidos y encadenados en nuestros tribunales, en la mayoría de los casos por ofensas menores, es de un retroceso civilizatorio enorme.
La legitimación de un proceso de autodeterminación no debe minarse por las trampas que el Estado impone adrede para no exponerse a hacer política.