Reforma Laboral: paquetazo neoliberal para la JCF
La propuesta “reforma laboral” del “nuevo” Gobierno contiene aspectos indignos al ser humano trabajador y nos retrotrae de golpe y porrazo al Siglo 19.
La propuesta “reforma laboral” del “nuevo” Gobierno contiene aspectos indignos al ser humano trabajador y nos retrotrae de golpe y porrazo al Siglo 19.
Estamos volviendo a las condiciones de trabajo del siglo XIX: reducir el poder de los trabajadores y ponerlos en una posición en la que no sean capaces de resistir los procesos de explotación masiva.
The issue is not what kind of better capitalism we can put in place, but what alternatives to capitalism can be imagined and created.
La respuesta de afirmación de la ciudadanía ante las actuales propuestas no puede pasar por generar más desregulación, individualismo y neoliberalismo.
Debemos movilizarnos el 22 de marzo, a las 10:00 am y, frente al Tribunal Federal, dejar un mensaje claro: ¡la Junta de Control Fiscal es la Esclavitud Colonial!
Nuestras democracias necesitan nuevos pactos sociales y constitucionales para construir democracias de ciudadanos –y no sólo democracias electorales– en la que no puede haber exclusiones.
No se trata una “crisis pasajera”. Lo que ocurre es que hemos pasado de un modelo a otro peor y tratan de convencernos de que lo que hemos perdido es irreversible.
El problema de fondo no son las Organizaciones Sin Fines de Lucro o las Organizaciones No Gubernamentales, sino la filosofía que corre detrás la instauración de las mismas.
Para quien quiera detener las clases en la UPR es imprescindible una causa política públicamente difundida, defendida y discutida, en cuyo razonamiento participe la generalidad del estudiantado.
En Grecia nos han recordado que la política sigue siendo necesaria, que las y los ciudadanos quieren sentirse partícipes de un proyecto, quieren saber a dónde se pretende ir y quieren tener la sensación de que existen.
En Port Kembla, New South Wales, la comunidad desafía al propio aparato que los expulsa. Hablemos de la muerte como nuevo gran espacio de resistencia.
El capital es ciego ante sus contradicciones. No logra entenderse. Quienes podemos entenderlo somos nosotros y nosotras, los que sufrimos sus embates.
La crisis tiene sus raíces principales en la corrupción y la mala gobernanza de la kakistocracia y la plutocracia puertorriqueña. No en los pobres.
El gran reto político hoy es lograr que los representantes de Estados y corporaciones responsables de conjurar las crisis a escala global tomen las decisiones correctas. Reto difícil ya que sus intereses son la negación de los mencionados valores.
No podemos basar nuestra competitividad en la flexibilidad laboral, en la precarización del trabajo y en la austeridad fiscal. Debemos volver a la política de industrialización y empresas de innovación, invirtiendo en tecnología y educación, pero sin descuidar lo social.
Denunciar y eliminar la corrupción es importante para lograr crecimiento económico, para fomentar la inversión y reducir la desigualdad social. De lo contrario, la llaga cancerosa de la corrupción destruirá nuestra economía y los esfuerzos para salir hacia adelante.
El discurso que atribuye a los puertorriqueños los males del capitalismo y que culpa a todo el país por su crisis actual tiene el efecto de exculpar al capitalismo, exculpar a su estructura colonial y exculpar a sus gobernantes.
Europa necesita más unión política, pero esta vez para acabar con la competencia fiscal, para volver a disponer de instrumentos que permitan luchar contra la desigualdad.
Luchamos por un mundo opuesto al creado por el capital, las dictaduras y las intervenciones; y todas nuestras posiciones y actitudes deben responder a esa perspectiva.
El ataque frontal del capital financiero en contra del modelo social europeo se manifiesta en el debilitamiento de los instrumentos de defensa de las clases populares, tales como los sindicatos y los convenios colectivos, así como las instituciones democráticas.
En el Norte, el neoliberalismo impone la austeridad a las grandes mayorías. En el Sur, el neoliberalismo impone su avidez por los recursos naturales.